Hay una escena bastante habitual en Mercado de Tapineria.

Una mesa en la terraza. Dos personas compartiendo algo de comer. Una cerveza. Una conversación que se alarga más de la cuenta. Y, cerca de ellas, alguna mascota observando tranquilamente el panorama.

Normalmente es un perro.

Pero decimos normalmente porque después de más de una década en pleno centro de Valencia hemos aprendido una cosa: nunca hay que dar nada por sentado.

Por aquí hemos visto perros de todos los tamaños, gatos, un hurón al hombro de una persona que visitaba una expo en Espai X, un cerdo vietnamita acompañando a un joven en su primera cita de Tinder y hasta unos abuelitos tomando unas birras tranquilamente en la terraza con su camaleón.

Sí.

Un camaleón.

Y parecía bastante más relajado que muchos de nosotros un lunes por la mañana.

Porque una ciudad no se construye solamente con edificios, calles, aceras y locales. Una ciudad también se construye con la manera en la que vivimos esos lugares. Con quién vamos. Con quién hablamos. Con quién compartimos una mesa. Y también, cada vez más, con los animales con los que convivimos.

Que existan más restaurantes pet friendly, alojamientos donde viajar con mascotas, comercios donde entrar acompañado o espacios públicos pensados para esta convivencia no nos parece simplemente una tendencia.

Nos parece una evolución bastante natural de las ciudades. Porque cuando los espacios aceptan diferentes maneras de vivirlos, pasan cosas.

Y normalmente son cosas buenas.

Pet friendly, sí. Safari urbano, no

Antes de continuar, conviene aclarar una cosa.

Cuando hablamos de mascotas hablamos de animales domésticos. Importante lo de domésticos.Que seamos pet friendly no significa que Mercado de Tapineria se haya convertido en un punto salvaje en pleno centro de Valencia.

No hace falta venir con un jabalí. Ni con una cabra montesa. Ni con un cocodrilo porque “es muy tranquilo y en casa nunca hace nada”.

Gracias.

Nos encantan los animales, pero cada cosa en su sitio.

Ser un espacio dogfriendly o abierto a otras mascotas significa facilitar la convivencia responsable con animales domésticos que estén correctamente atendidos, controlados y, cuando corresponda, atados por sus dueños.

Porque compartir espacio implica precisamente eso: compartirlo.

Hay personas que adoran a los animales y otras que prefieren mantener cierta distancia. Hay niños, personas mayores, otras mascotas y trabajadores haciendo su trabajo.

La gracia está en que todos podamos convivir.

Y para eso hacen falta cariño, responsabilidad y una dosis razonable de sentido común.

Un cuenco de agua no te convierte mágicamente en pet friendly

Durante unos años parecía que bastaba con poner un recipiente con agua en la puerta y escribir “Dogs Welcome” en Instagram.

Bien.Por algún sitio había que empezar. Pero ser realmente pet friendly tiene bastante más que ver con la actitud que con la pegatina. Significa entender que las mascotas forman parte de la vida cotidiana de muchísimas personas.

Salen contigo. Te acompañan a tomar café. Aparecen en tus planes del sábado. Condicionan dónde reservas cuando viajas.

Y, en ocasiones, deciden sin saberlo en qué terraza vas a acabar tomando una cerveza.

Quienes conviven con animales saben perfectamente de qué hablamos. Ese momento en el que alguien propone un restaurante y aparece la pregunta: «¿Podemos ir con la mascota?»

Con los perros ocurre especialmente. De ahí que cada vez sean más habituales búsquedas como restaurantes con perros o restaurantes pet friendly.

Pero la realidad es más amplia.

Hay personas que comparten su día a día con gatos, conejos, hurones, aves y otros animales domésticos y que, siempre que las características del animal y las normas del espacio lo permitan, quieren incorporarlos con naturalidad a determinados momentos de su vida social.

Sin dramas.

Sin convertirlo en algo excepcional.

Cuando los animales entran en escena, pasan cosas

Hay algo curioso en los espacios compartidos con mascotas: facilitan las conversaciones.

Un animal llama la atención de alguien.

Otra persona pregunta cómo se llama.

Alguien cuenta que tiene uno parecido.

Un niño se queda mirando.

Dos desconocidos empiezan a hablar.

Y lo que cinco minutos antes eran cuatro mesas independientes acaba convirtiéndose en una pequeña comunidad improvisada.

Lo hemos visto cientos de veces.

Aunque probablemente pocas situaciones superen la de aquellos abuelitos sentados tranquilamente en nuestra terraza, cerveza en mano, acompañados por su camaleón.

Porque, claro, tú puedes intentar seguir con tu conversación. Pero hay un señor tomando una cerveza con un camaleón al lado. La conversación acaba llegando al camaleón.

Inevitablemente. Y ahí está parte de la magia.

Las mascotas tienen una capacidad bastante extraordinaria para romper algunas de las barreras invisibles que construimos en las ciudades:

  • Nos hacen detenernos
  • Mirar
  • Preguntar
  • Sonreír
  • Comentar algo con la mesa de al lado

Y muchas veces la comunidad empieza exactamente así. Con una pequeña excusa para hablar.

Perro en el espacio pet friendly de Mercado de Tapineria en ValenciaValencia se disfruta mejor sin demasiados planes

Valencia tiene una cosa maravillosa: todavía permite improvisar.

Sales de casa pensando que vas a dar una vuelta rápida y terminas tres horas después en una terraza preguntándote cómo has llegado hasta allí. Eso es bastante de la terreta valenciana.

La cultura de:

  • Estar fuera
  • De caminar
  • Del terraceo
  • De encontrarte con alguien
  • De tomarte una caña que misteriosamente se convierte en dos
  • De entrar en una tienda porque has visto algo desde la calle
  • De descubrir una exposición, una marca o un proyecto que no estaba en absoluto en tus planes.
  • Cuando alguien busca qué hacer en Valencia, aparecen las grandes respuestas de siempre: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Carmen, la playa, la Albufera, el Mercado Central, Mercado de Tapineria…

Todo eso está fenomenal. Pero Valencia también se descubre en pequeño:

  • En una plaza
  • En una terraza
  • En una conversación
  • En los comercios locales
  • En esos lugares que tienen personalidad propia y donde nunca sabes exactamente qué estará pasando la semana siguiente.

Y poder disfrutar de parte de esa vida cotidiana acompañado de tu mascota hace que la ciudad resulte un poco más fácil, cercana y habitable.

La ciudad cambia cuando nuestras familias también cambian

Nuestra relación con los animales domésticos ha evolucionado muchísimo.

Para muchas personas, las mascotas forman parte de su entorno familiar y de sus rutinas. Eso se refleja inevitablemente en cómo consumimos y utilizamos la ciudad. Elegimos terrazas donde podamos estar con ellas. Buscamos establecimientos que las admitan. Organizamos nuestras vacaciones teniendo en cuenta sus necesidades. Consultamos qué espacios públicos podemos compartir. Y aparecen nuevas demandas que hace unos años eran mucho menos habituales.

Los hoteles pet friendly son un buen ejemplo.

Viajar con una mascota ya no es algo extraño, pero todavía requiere planificación.

¿Admiten animales?

¿Hay suplemento?

¿Existen limitaciones?

¿Hay zonas verdes cerca?

¿Podremos ir juntos a comer?

¿Tenemos algún espacio para pasear?

En el caso concreto de quienes viajan con perros, incluso búsquedas como playas para perros en Valencia forman parte de la organización de unas vacaciones.

Lo interesante es que detrás de todas esas búsquedas existe la misma idea: no queremos necesariamente lugares creados exclusivamente para animales.

Queremos lugares normales donde podamos convivir con ellos.

Parece un pequeño matiz, pero cambia bastante las cosas.

De Tinder, cerdos vietnamitas y primeras citas

Y hablando de normalidad…

Hay momentos que solamente pueden ocurrir en un lugar como en Mercado de Tapineria.

Hace tiempo apareció por aquí un joven que tenía una primera cita de Tinder. Hasta ahí, todo dentro de los parámetros habituales del centro de Valencia. Lo menos habitual era que acudiese acompañado de su cerdo vietnamita.

Primera cita.

Tinder.

Cerdo vietnamita.

Nosotros no sabemos cómo terminó aquello al 100%, pero si sabemos que hubo muchas risas de la chica al ver que su cita aparecía con esa máscota, mucho feeling, muchas caricias hacia el cerdito (y de paso entre ellos)…

Lo que tenemos clarísimo es quién fue el protagonista de la primera. Y esa anécdota explica bastante bien qué entendemos nosotros por un espacio vivo.

Un lugar en el que no todo está perfectamente previsto. En el que las personas llegan, se cruzan, hacen cosas y, de vez en cuando, generan escenas que nadie podría haber diseñado previamente.

Como entrar en Espai X a visitar una exposición y cruzarte con alguien llevando tranquilamente un hurón al hombro.

¿Por qué? A estas alturas hemos aprendido a no hacer demasiadas preguntas. ¡Házselas tu si quieres cuando le veas!

Pet friendly también significa responsabilidad

Ahora viene la parte menos gamberra, pero necesaria.

Que un espacio admita mascotas no significa que todo valga. Los animales deben estar bien atendidos y bajo el control de sus responsables en todo momento.

Cuando corresponda, deben permanecer atados y hay que respetar tanto las normas del establecimiento como las necesidades del propio animal y del resto de personas.

Parece evidente, pero nunca está de más recordarlo:

  • No todo el mundo quiere acariciar a tu mascota.
  • No todo el mundo se siente cómodo cerca de animales.
  • No todos los animales quieren socializar.
  • Y no todos disfrutan estando rodeados de gente, ruido o movimiento.

De hecho, parte de ser un propietario responsable consiste precisamente en saber cuándo nuestro animal está cómodo y cuándo estaría mucho mejor tranquilamente en casa.

También hay que mantener los espacios limpios, evitar situaciones incómodas y entender que compartir un lugar no significa apropiarse de él.

Ser pet friendly funciona en las dos direcciones.

Los establecimientos abren sus espacios. Los propietarios respetan esos espacios.

Y así podemos seguir siendo todos amigos.

Los espacios imperfectos suelen ser los más vivos

En Mercado de Tapineria llevamos más de una década viendo pasar gente.

Mucha.

Personas de Valencia, turistas, familias, parejas, grupos de amigos, niños, diseñadores, artesanos, curiosos, vecinos del barrio y gente que simplemente iba caminando por el centro y decidió entrar a ver qué estaba pasando.

Y también mascotas.

Muchas.

Nos gusta esa mezcla porque creemos que los lugares interesantes aparecen precisamente cuando pasan cosas distintas al mismo tiempo.

Mientras alguien está comiendo, otra persona puede estar descubriendo una marca local. Al lado puede haber una pop-up. En Espai X, una exposición. En una mesa se organiza el plan de la noche. En otra, alguien intenta que su mascota deje de mirar descaradamente la comida ajena.

La vida.

Sin demasiada coreografía.

Siempre hemos entendido Mercado de Tapineria como algo más que un sitio al que venir a comprar o comer.

Es un espacio que cambia.

Un punto de encuentro donde gastronomía, diseño, cultura, proyectos, comercios locales, vecinos y visitantes se cruzan constantemente.

Y las mascotas forman parte de esa mezcla.

Las mascotas también hacen barrio

Hay otro aspecto de los espacios pet friendly que nos interesa especialmente: su relación con la vida de barrio.

Convivir con un animal, especialmente con aquellos que necesitan salir diariamente, cambia la manera de recorrer una ciudad:

  • Caminas más
  • Repites trayectos
  • Reconoces caras
  • Te fijas en escaparates
  • Descubres cafeterías
  • Paras en terrazas
  • Entras en tiendas
  • Conoces a comerciantes

Poco a poco dejas de ser alguien que simplemente atraviesa un barrio para empezar a formar parte de él.

Y eso beneficia también a los comercios locales. No hace falta organizar una gran campaña de marketing para crear comunidad. A veces empieza con algo tan sencillo como que en una tienda sepan cómo se llama tu mascota.

Aunque probablemente recuerden antes su nombre que el tuyo. No te lo tomes a mal. Seguramente cae mejor.

Restaurantes pet friendly y nuevas formas de compartir la ciudad

Cuando elegimos un lugar donde pasar nuestro tiempo, estamos tomando pequeñas decisiones sobre el tipo de ciudad que queremos:

  • Elegir negocios independientes
  • Comprar producto local
  • Apoyar proyectos pequeños
  • Utilizar espacios donde diferentes generaciones puedan convivir
  • Buscar restaurantes pet friendly cuando vamos acompañados de nuestros animales

Todo suma.

Cada vez más establecimientos entienden que permitir la presencia responsable de mascotas no tiene por qué significar perder comodidad o calidad. Se trata de establecer unas normas claras y conseguir que distintas maneras de utilizar el espacio puedan convivir.

Porque una mascota tranquila y correctamente controlada puede formar parte del ambiente con absoluta naturalidad.

Y, seamos sinceros, algunos animales se han comportado en nuestra terraza bastante mejor que ciertos humanos después de la tercera cerveza.

No vamos a señalar a nadie. Cada cual que revise su historial.

Y eso es algo que conocemos bien en Mercado de Tapineria.

Aquí nos gusta la mezcla.

La gente que viene expresamente y la que aparece por casualidad. Las compras y las cañas. Las marcas pequeñas y los proyectos grandes. Las exposiciones, el terraceo, las conversaciones largas y los planes improvisados.

Y también esas mascotas que llegan acompañando a alguien y cinco minutos después han conseguido que media plaza sepa cómo se llaman.

Eso sí: domésticas, bien atendidas y controladas.

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